MISERIAS DE LA OPOSICIÓN

Por Gallego Soto - 4 de Junio, 2006, 3:56, Categoría: Políticos

Como resultado de la últimas muertes provocadas por efectivos policiales, todo el espectro opositor de Mendoza ha vuelto a hablar de la "crisis" de la seguridad provincial y sobre la "incapacidad" del gobierno de turno para manejar el tema.

La oposición es tan miserable que parece olvidar que en Mendoza no han habido sólo asesinatos de civiles a manos de malos policías durante este gobierno sino bajo todos los signos políticos.

La oposición tiene tan poca vergüenza que parece que estos bárbaros asesinatos fuesen una exclusividad de este gobierno o hubiesen empezado el día que Julio Cobos asumió.

La oposición, que ha sido gobierno no hace tanto tiempo, tampoco supo resolver el problema de la inseguridad en Mendoza ni el de la brutalidad de algunos policías.

Esta supuesta "crisis" lleva años en la provincia y seguramente es producto de una serie de desatinos anteriores a este gobierno y también, sin dudas, de las pocas ideas que se han aportado desde esta gestión.

Pretender sin embargo que los opositores tienen recetas mágicas o soluciones inmediatas que este gobierno no aplica, y que por eso se perpetúa este estado, es una caradurez absoluta.

Vivimos en una sociedad mucho más violenta que hacen 30 años.

En el mundo y en nuestro país y en nuestra provincia.

Basta con hacer un poco de zapping y se podrá observar el culto a la violencia de todo tipo que se hace desde la pantalla chica. Fuera de alguna que otra comedia o documental, el resto de las películas están basadas en cuestiones policiales, asesinatos, médicos forenses, especialistas en escenas del crimen y demás condimentos afines a la violencia.

Otro tanto ocurre con el cine. Es fácil ver, para aquel que quiera hacerlo, el tenor francamente violento que se proyecta en casi todas las películas. Guerras pasadas, presentes y futuras ocupan buena parte de las carteleras cinematográficas de la actualidad.

También la violencia se observa a diario en la conducta de buena parte de nuestra sociedad y no me estoy refiriendo sólo a asaltantes y criminales.

Muchas supuestas "víctimas" de la violencia la practican a diario casi sin notarlo.

Los padres que se pelean entre sí cuando llevan a sus hijos a competencias deportivas de distinta índole son un penoso ejemplo.

Los que agreden a los árbitros ante fallos erróneos o adversos al equipo de nuestra simpatía también fomentan la violencia.

Las luchas campales entre distintas hinchadas es otro hecho habitual en nuestra enferma sociedad y hay miles de ejemplos más que cualquiera que piense un poco podrá contabilizar sin dificultad.

En este contexto, en el que también algunos policías son violentos y a veces, directamente son delincuentes, argumentar que los hechos de brutalidad policial muestran incapacidad de un gobierno es, cuando menos, una apreciación propia de ignorantes y, tratándose de la opinión de políticos opositores, una burda muestra de desfachatez.

Vivimos en una sociedad cada día más violenta y pocos hacen lo necesario para que esto vaya a cambiar en lo inmediato.

Partiendo de esta realidad, nadie puede atribuirse el conocer o tener soluciones inmediatas para este problema ni hablar de crisis o incapacidad de gobernantes cada vez que un policía mata a alguien indebidamente.

Dicho en otras palabras, si hoy gobernaran los justicialistas o los demócratas sucederían los mismos hechos de violencia que suceden con este gobierno y quizás, conociendo la miseria moral crónica de nuestros dirigentes, los que dirían tener soluciones mágicas serían los que hoy gobiernan y no las tienen.

Si cada uno de los habitantes de nuestra provincia no se compromete seriamente a evitar o disminuir la violencia cotidiana, los incapaces de disminuir la inseguridad o la brutalidad policial serán hoy los radicales pero mañana serán los justicialistas, los demócratas o el que venga.

Para solucionar cualquier problema es preciso partir de un diagnóstico acertado y el de la actual oposición no lo es.

La oposición apunta a mostrarse mejor que los gobernantes pero no aportando mejores ideas sino mostrando los errores de quien gobierna.

Esta es una actitud miserable de la que debemos dejar constancia para que recordarla dentro de un par de años cuando les toque en suerte gobernar a quienes hoy son oposición y deban enfrentar los mismos problemas cuya solución hoy dicen tener aunque tampoco la hayan aplicado cuando fueron gobierno.

Con dirigentes de esta estatura moral, no podemos ser optimistas en cuanto a nuestro futuro ni en cuanto a resolver éste y otros problemas que nos aquejan en forma crónica.

Gallego Soto

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